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La Organización Bradesco siempre entendió como política y filosofía empresarial su doble papel de entidad económica coadyuvante del crecimiento del País y de institución socialmente activa, con marcante presencia en el combate a las deficiencias educacionales en varias regiones brasileñas. Han sido, ambos, objetivos complementarios y armónicos.
Ese posicionamiento de la Organización,
sensible a las propuestas provenientes de
la comunidad, fue responsable por abrigar,
en 1995, la sugerencia de un cliente del
banco, Laércio Sant’Anna, portador
de deficiencia visual. En carta al banco,
el cuentacorrentista afirmaba con base en
su experiencia de trabajar en casa con el
videotexto: “El uso de microcomputadora
por personas portadoras de deficiencia visual
ya es una realidad y sólo no es mayor por
los altos costes de la adquisición
de equipos adaptados, en el caso, sintetizadores
de voz, para que puedan oír el contenido
de la pantalla”. Y partiendo de tal
observación, sugería que fuese
desarrollado “un programa bastante
simple que enviase una señal sonora
para el altoparlante de la microcomputadora
o para la placa de sonido, de éstas usadas
para recursos de multimedia, que no son muy
caras y pueden ser adquiridas con facilidad
por cualquier usuario”.
La idea entusiasmó a la Directoría
de la Organización Bradesco y por
su determinación, la sugerencia del
cliente empezó a hacerse realidad.
Una asociación entre Bradesco y
Scopus, empresa de la Organización,
dirigida al desarrollo de sistemas de informática,
y MicroPower, especializada en softwares,
permitió la creación y lanzamiento
de un nuevo servicio inédito en el
País: Bradesco Net-Internet Banking
para Deficientes Visuales, programa de
informática para Deficientes Visuales.
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